Introducción
Esa noche, lo que empezó como una pequeña llovizna, que aunque casi
invisible a los ojos, solo servía para empapar al incauto que no llevara
paraguas, se convirtió en poco tiempo en un gran aguacero. La pequeña isla en
la que se levantaba la, a la vista, vieja atalaya, era azotada por las olas
producidas por el fuerte viento que se había confabulado con la lluvia para
arremeter con mas ímpetu. Lo único que había en la isla era una larga carretera
de tierra, ahora convertida en barrizal, y la antes mentada torre, que se erguía
en uno de los extremos. Al otro lado, en la carretera una gran luz empezó a
acrecentarse, blanca y cegadora a la vez que silenciosa, silencio que fue sustituido
por el estrepitoso motor de la vieja moto con sidecar que salió de la luz al
tiempo que esta volvía a desaparecer, en ella, dos figuras recorrieron el
camino embarrado que llevaba hasta la enorme torre, no sin algún problema al
intentar frenar, y terminar no estrellándose con el muro que rodeaba la gran
estructura que era la Atalaya, por los pelos. La figura que se encontraba
sentada en el sidecar salió rápidamente para abrir la verja que completaba el
muro, era alta y grande, de complexión fuerte, y una melena blanca sobresalía
por debajo del casco, el otro personaje, que parecía ser más bajo, arranco y metió
el vehículo aparcándolo junto a la torre, y apresurándose a abrir la puerta de
entrada, mientras que su enorme compañero, cerraba de nuevo la verja y se reunía
con él. La pareja entro rápidamente y cerro tras de sí.
-¿Pero cómo es posible?- Protesto el conductor
de la moto – Esto no es normal, creo que es la primera vez que llueve así en la
isla, y eso que teóricamente es imposible.
-Parece ser que al tiempo se le ha olvidado
eso esta vez – contesto el enorme personaje, con un acento que parecía ruso,
mientras se quitaba el casco y dejaba ver que era bastante mayor, pero fuerte,
con una poderosa cabellera blanca que le caía por los hombros, y un largo
bigote.
-Debo averiguar qué está pasando, algo debe ir mal
en algún lugar Vlad – dijo el otro hombre mientras que dejaba al descubierto,
una barba blanca y un pelo canoso al despojarse del casco y colocarse unas
gafas – ¿Te importa preparar algo de comer viejo amigo? Me temo que va a ser una
visita larga
Tras decir eso el anciano subió una larga
escalinata, parecía que había largos pasillos que quedaban tras de sí según subía,
aun cuando por fuera, la atalaya no parecía ser muy ancha. Tras un rato llego
frente a una gran puerta con un pequeño símbolo en la cerradura, metió su mano
en el bolsillo del pantalón y rebusco, “estas viejo para ser el vigilante
Manuel” se dijo a sí mismo, mientras sacaba un móvil, una foto de su nieto
Pedro, un par de monedas de Euro… hasta que al fin saco un sello, con el mismo símbolo
que el de la puerta, colocándoselo en la mano, lo acerco a este y pronuncio
unas palabras y la puerta se abrió. Era una sala enorme, llena de ventas, cientos
o millones era imposible de decir, el anillo empezó a emitir una luz rojiza, y
Manuel, pronuncio de nuevo unas palabras susurrando, de pronto toda la sala pareció
moverse, hasta que Pedro de golpe se encontró frente a una de ellas, ninguna de
las ventanas eran iguales, esta parecía la ventana adornada de un castillo,
tomo un enorme telescopio dorado, lo coloco frente a la ventana y miro, vio un
castillo, y dentro del castillo, vio una princesa que dormía. “Bien jovencita,
veamos que está pasando en El Avarath…”

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