miércoles, 19 de septiembre de 2012

Introducción


Introducción

             Esa noche, lo que empezó como una pequeña llovizna, que aunque casi invisible a los ojos, solo servía para empapar al incauto que no llevara paraguas, se convirtió en poco tiempo en un gran aguacero. La pequeña isla en la que se levantaba la, a la vista, vieja atalaya, era azotada por las olas producidas por el fuerte viento que se había confabulado con la lluvia para arremeter con mas ímpetu. Lo único que había en la isla era una larga carretera de tierra, ahora convertida en barrizal, y la antes mentada torre, que se erguía en uno de los extremos. Al otro lado, en la carretera una gran luz empezó a acrecentarse, blanca y cegadora a la vez que silenciosa, silencio que fue sustituido por el estrepitoso motor de la vieja moto con sidecar que salió de la luz al tiempo que esta volvía a desaparecer, en ella, dos figuras recorrieron el camino embarrado que llevaba hasta la enorme torre, no sin algún problema al intentar frenar, y terminar no estrellándose con el muro que rodeaba la gran estructura que era la Atalaya, por los pelos. La figura que se encontraba sentada en el sidecar salió rápidamente para abrir la verja que completaba el muro, era alta y grande, de complexión fuerte, y una melena blanca sobresalía por debajo del casco, el otro personaje, que parecía ser más bajo, arranco y metió el vehículo aparcándolo junto a la torre, y apresurándose a abrir la puerta de entrada, mientras que su enorme compañero, cerraba de nuevo la verja y se reunía con él. La pareja entro rápidamente y cerro tras de sí.

-¿Pero cómo es posible?- Protesto el conductor de la moto – Esto no es normal, creo que es la primera vez que llueve así en la isla, y eso que teóricamente es imposible.

-Parece ser que al tiempo se le ha olvidado eso esta vez – contesto el enorme personaje, con un acento que parecía ruso, mientras se quitaba el casco y dejaba ver que era bastante mayor, pero fuerte, con una poderosa cabellera blanca que le caía por los hombros, y un largo bigote.

-Debo averiguar qué está pasando, algo debe ir mal en algún lugar Vlad – dijo el otro hombre mientras que dejaba al descubierto, una barba blanca y un pelo canoso al despojarse del casco y colocarse unas gafas – ¿Te importa preparar algo de comer viejo amigo? Me temo que va a ser una visita larga

Tras decir eso el anciano subió una larga escalinata, parecía que había largos pasillos que quedaban tras de sí según subía, aun cuando por fuera, la atalaya no parecía ser muy ancha. Tras un rato llego frente a una gran puerta con un pequeño símbolo en la cerradura, metió su mano en el bolsillo del pantalón y rebusco, “estas viejo para ser el vigilante Manuel” se dijo a sí mismo, mientras sacaba un móvil, una foto de su nieto Pedro, un par de monedas de Euro… hasta que al fin saco un sello, con el mismo símbolo que el de la puerta, colocándoselo en la mano, lo acerco a este y pronuncio unas palabras y la puerta se abrió. Era una sala enorme, llena de ventas, cientos o millones era imposible de decir, el anillo empezó a emitir una luz rojiza, y Manuel, pronuncio de nuevo unas palabras susurrando, de pronto toda la sala pareció moverse, hasta que Pedro de golpe se encontró frente a una de ellas, ninguna de las ventanas eran iguales, esta parecía la ventana adornada de un castillo, tomo un enorme telescopio dorado, lo coloco frente a la ventana y miro, vio un castillo, y dentro del castillo, vio una princesa que dormía. “Bien jovencita, veamos que está pasando en El Avarath…”


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